Desde la antropología se analiza cómo los contextos socio-económicos y políticos afectan la manera en que las personas comprenden la enfermedad y la salud. El bienestar de la persona se constituye más allá de la ausencia de la enfermedad. Los vínculos sociales, la sensación de seguridad física y económica, la realización de actividades que dan sentido en la vida cotidiana son algunos de los elementos fundamentales para comprender cómo constituimos la noción de salud. Estos son los determinantes sociales de la salud, tan relevantes como las explicaciones etiológicas de la enfermedad para abordar el bienestar de las personas.
Soy la directora de la Fundación Mundo Sano, y desde el 2015 trabajo la temática del Chagas desde una perspectiva socio-cultural, con el objetivo de aportar una mirada integral y centrada en la experiencia de las personas.
Son múltiples las barreras para un diagnóstico temprano y tratamiento oportuno. Las barreras económicas pueden implicar falta de dinero para acceder a un seguro médico, o tener un trabajo que no permite flexibilidad para acudir a citas. Muchas personas que sufren de Chagas son migrantes en condiciones irregulares, por lo que barreras legales les impiden acceder a servicios de salud gratuitos. Están también las barreras sociales que se derivan del miedo y el estigma asociados con el desconocimiento respecto a oportunidades de diagnóstico y tratamiento. Puede ocurrir que ante las complejidades del sistema de salud (comprensión del diagnóstico y las pruebas subsiguientes, interlocución con múltiples profesionales de salud, duración del tratamiento) las personas encuentren barreras que dificulten llegar a un diagnóstico certero y la opción de tratamiento. Estas últimas son barreras estructurales.
Sin embargo, todas estas barreras pueden derribarse. Hay soluciones, y se ha avanzado mucho en la lucha contra el Chagas. Hay mecanismos de diagnóstico que permiten detectar la enfermedad. Hay dos fármacos que funcionan como antiparasitarios. Si se trata a la mujer antes de quedar embarazada, no se transmite el parásito a su bebé. Los niños que reciben tratamiento se curan. Tratar a un adulto es importante para reducir la carga parasitaria. Hay regulaciones nacionales y regionales y recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hay propuestas de integración de Chagas dentro de programas integrales, como es la estrategia de OPS de Eliminación de Transmisión Materno Infantil (ETMI+). Hay disponibilidad de materiales de educación, comunicación y sensibilización para romper el silencio y no reproducir estigmas. Hay adherencia creciente a la Iniciativa Iberoamericana “Ningún Bebé con Chagas” de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), cuyos signatarios son los países comprometiendo poner la problemática del Chagas en las agendas nacionales de salud.
Los ingredientes están, y si se aplican, logran impacto. Algunos proyectos presentados anteriormente en la Red sirven de ejemplos: la iniciativa en Córdoba, el trabajo del equipo de Salud Pública y Comunitaria (eSPiC) en Barcelona, la brigada de Triple Frontera de Mundo Sano y ADESAR. Estos son casos concretos que se proponen derribar barreras, focalizarse en la persona y sus necesidades, y permitirse imaginar un tiempo no muy lejano en el que se puede eliminar el Chagas como problema de salud pública.
