Las denominadas enfermedades olvidadas, como la Enfermedad de Chagas, constituyen un claro ejemplo de cómo el proceso de salud-enfermedad excede, con creces, el terreno de lo estrictamente biológico.
La demostración de la compleja trama que sostiene el proceso de salud- enfermedad ha sido expuesta desde los comienzos del sanitarismo. Si bien es difícil precisar cuándo comenzó la salud pública, no cabe duda de que los estragos de las epidemias hicieron comprender la necesidad de una acción conjunta con miras a la protección de la salud poblacional. Inglaterra fue pionera en este camino; la muerte negra en el siglo XIV, y la peste de Londres en el siglo XVII, han constituido factores motivadores en el desarrollo de la sanidad en ese país y también en el resto del mundo. En Inglaterra, la salud pública tomó forma más precisa durante el siglo XIX, y es interesante observar las características de su sistema de salud de acceso universal y los alcances de la ley dictada en el año 1875, abarcando higiene del medio ambiente, protección del público contra alimentos insalubres y enfermedades infecciosas, creación de hospitales, entre otras.
A los múltiples factores que intervienen en el proceso salud-enfermedad se los ha denominado determinantes sociales y fueron cobrando relevancia con el paso del tiempo. La Organización Mundial de la Salud define los determinantes sociales de la salud (DSS) como "las circunstancias en que las personas nacen crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana"1. El peso y las consecuencias en particular de la inequidad y la desigualdad en salud han sido brillantemente estudiados por el Profesor Sir Michael Gideon Marmot 2 Profesor de Epidemiologia y Salud Publica de College University de Londres quien ha conducido grupos de investigación de estos temas en los últimos treinta años.
A través de evidencia científica, Sir Michael G. Marmot ha demostrado que las desigualdades en salud requieren de la acción política de seis grandes ejes:
- Brindar a cada niña/o el mejor comienzo en la vida
- Permitir a todos/as los/as niños/as, jóvenes y adultos/as maximizar sus capacidades y tener control sobre sus vidas
- Generar condiciones de empleo justas y adecuadas para todos/as
- Garantizar un nivel de vida saludable para todos/as
- Crear y desarrollar lugares y comunidades saludables y sostenibles
- Fortalecer el papel y el impacto de las políticas de prevención de la mala salud
Su nuevo informe de 2020 3 desentraña una paradoja: la que rodea al hecho de que, tras un siglo de continuas mejoras en la esperanza de vida, desde 2011 en Inglaterra se detecta una disminución de la esperanza de vida, que afecta a mujeres en las comunidades más desfavorecidas a las afueras de Londres y a otras áreas en el caso de los varones. Aunque el informe se circunscribe al ámbito de Inglaterra, la metodología puede ser aplicada a otros países y regiones. De dicho informe se desprende las distintas oportunidades que tienen los individuos según su condición social y etnicidad y “su código postal” de residencia.
Como se deduce de sus escritos, son muchas las acciones y ámbitos de acción “extra médicos” que influyen y en los que debemos intervenir para cambiar el rumbo de los resultados sanitarios.
Pero ¿Por qué revisar estos conceptos? Porque es en este contexto, en el que debemos pensar cuando diseñamos un programa o proyecto orientado a disminuir el impacto que produce en las personas y en las comunidades la Enfermedad de Chagas o cuando evaluamos sus resultados.
En estos más de cuarenta años de práctica profesional he visto como, lentamente, una mirada más abarcativa y multidisciplaria va ganado espacio y presencia en los territorios sanitarios.
Hace muchos años atrás, intentar incluir en un programa o en un proyecto elementos para mitigar algunas de las múltiples barreras de acceso al sistema de salud que padecen las poblaciones más desfavorecidas socioeconómicamente, implicaba tener que enfrentar múltiples explicaciones y la gran mayoría de las veces en no obtener los recursos necesarios para afrontar dichos desafíos.
Hoy, ya no necesitamos explicar por qué, a veces, debemos contar con financiamiento para el transporte de personas, la incorporación de acompañantes y supervisores de tratamiento o el mejoramiento de viviendas y provisión de agua segura, o por qué, a pesar de los ingentes esfuerzos que todo el equipo de trabajo en terreno de un proyecto destina a obtener los resultados esperados, a veces estos no se alcanzan.
La visión amplia de una realidad tan compleja ha sido siempre la marca distintiva de la Fundación Mundo Sano, situación que se ve reflejada cuando se analizan, en detalle, los proyectos en curso. Cada uno ha sido diseñado acorde a las necesidades y debilidades relevadas constituyendo “trajes a medida” para cada territorio. Es probable que en ello radique, en gran parte, el éxito alcanzado; así como en el estímulo que genera saber que contamos con herramientas para enfrentar los permanentes desafíos a los que la Enfermedad de Chagas nos enfrenta.
Referencias