Durante años, el abordaje de la enfermedad de Chagas estuvo fuertemente centrado en la estimación de su magnitud: cuántas personas están infectadas, dónde se concentran los casos, cuáles son las poblaciones más afectadas. Sin embargo, en la práctica cotidiana de los sistemas de salud, esa pregunta, que continúa siendo extremadamente relevante, resulta insuficiente.

Una pregunta importante hoy no es cuántas personas están infectadas, sino cuántas logran atravesar todo el recorrido que va desde el diagnóstico hasta completar el tratamiento. Y, aún más, qué condiciones hacen posible que ese recorrido se concrete.

El acceso al tratamiento no es un evento puntual, sino un proceso. Comienza con la sospecha clínica o el tamizaje, continúa con la confirmación diagnóstica, la indicación médica, la disponibilidad del medicamento, los mecanismos de financiamiento y distribución, y finaliza —idealmente— con la adherencia completa al tratamiento. En cada una de estas etapas pueden aparecer barreras que interrumpen el proceso. En este sentido, la disponibilidad de tratamiento representa una condición necesaria, pero no suficiente. Incluso en contextos donde el medicamento está aprobado y accesible desde el punto de vista regulatorio y logístico, el acceso efectivo puede seguir siendo limitado. Esto se observa en la distribución del tratamiento donde la atención tiende a concentrarse en ciertos centros o equipos que han logrado estructurar circuitos de atención funcionales.

Estos circuitos de acceso no surgen de manera espontánea. Son el resultado de articulaciones concretas entre actores, niveles de atención y mecanismos de gestión que permiten que una persona diagnosticada no quede a mitad de camino. Allí donde estos circuitos existen, el acceso se materializa. Donde no, el proceso se fragmenta.  En el marco de estrategias orientadas a la eliminación de la transmisión vertical de las enfermedades infecciosas y al fortalecimiento del primer nivel de atención, este desafío adquiere una dimensión particular. No se trata únicamente de incorporar el Chagas en la agenda sanitaria, sino de integrarlo en trayectorias de atención continuas, donde el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento formen parte de un mismo proceso.

La experiencia en terreno nos muestra que, aun cuando los insumos están disponibles, persisten dificultades para consolidar estos circuitos. Las barreras pueden ser diversas: desde limitaciones en la capacitación de los equipos de salud hasta problemas en la coordinación entre niveles de atención, pasando por aspectos administrativos o logísticos. A esto se suman factores sociales y culturales que influyen en la aceptación del diagnóstico y en la adherencia al tratamiento. Por eso, el desafío actual no es exclusivamente técnico. No radica en la falta de herramientas diagnósticas o terapéuticas, sino en la capacidad de los sistemas de salud para organizarlas de manera efectiva. Esto implica fortalecer la articulación entre actores, clarificar roles, generar mecanismos de derivación funcionales y construir confianza tanto en los equipos de salud como en las comunidades.

En este proceso, la dimensión comunitaria resulta clave. El acceso no se garantiza únicamente desde la oferta de servicios, sino también desde la capacidad de estos de adaptarse a los contextos en los que operan. Estrategias territoriales, enfoques centrados en las personas y mecanismos de acompañamiento son fundamentales para sostener el recorrido completo del paciente dentro del sistema. En definitiva, avanzar en el control de la enfermedad de Chagas requiere desplazar el foco desde la disponibilidad hacia el acceso efectivo. Garantizar que el tratamiento exista fue un paso fundamental. El desafío ahora es lograr que ese medicamento llegue, en tiempo y forma, a cada persona que lo necesita. Para ello, es necesario comprender, fortalecer y, sobre todo, replicar los circuitos que hacen posible ese acceso.

Sebastián Cañón trabaja en programas de acceso de la enfermedad de Chagas en la Fundación Mundo Sano. Actualmente desarrolla una investigación doctoral sobre las dinámicas de acceso al tratamiento a partir de la distribución de Benznidazol en Estados Unidos.